viernes, 22 de agosto de 2025


EL DIARIO quizá sea uno de los mayores mejoradores humanos que existen. Goethe: "Yo no respeto a la persona que no lleva un diario".

No solo porque da valor a tu acontecer cotidiano y te sirve como agradecimiento de esta aventura de vivir, sino porque el diario te para los pies cuando quieres mentirte a ti misma. Las personas cambian mucho y a menudo se vuelven justo lo contrario de lo que fueron, sobre todo a la hora de valorar a la familia o los amigos, o de mantener sus opiniones políticas. Pasados unos años, ya ni recuerdan la opinión positiva que le merecía antaño Mengano, o que entonces eran giliprogres y ahora se han hecho fachas (el cambio contrario es más raro). Sin embargo, si llevas un diario y lees sus capítulos atrasados al menos una vez cada año, te das cuenta de tu hipocresía enseguida. ¿Cómo? ¿Aquel gilipollas me caía bien? ¿Es verdad que yo participé en el 15M? ¡Cómo me pudo gustar aquel libro hace veinte años!

Y a la luz de tus cambios asombrosos, que solo son asombrosos si los tienes apuntados en algún sitio, pues la conciencia es tal magnífica engañadora que te hace creer que tus valoraciones del presente son así desde el Imperio Romano, aprendes a considerarte con otros ojos, descubres tus errores oceánicos, te lamentas de tus vanidades inacabables y empiezas a tomarte la vida de otra forma, menos fanática, más despaciosa, con más sentido del humor.


EL BÚFALO tiene que venir con la palabra y no después de ella: el poeta que como Gamoneda o Saint-John Perse o Dylan Thomas parte de la palabra sin el búfalo o solo llega al búfalo como consecuencia de la palabra, aunque es un poeta al que puedo admirar hasta un punto, al final se me escurre entre los dedos porque la poesía me entra por la piel o el estómago y no por los oídos.


SOBRE TODO no sucumbir a los amateurs ni a los contemporáneos. Creo que fue en 2008 cuando dije por primera vez que un escritor de ambición nunca debe consumir menos de nueve gramos de Neruda por cada gramo que consumes de tu amiguete X o de tu amiguete J. Esta declaración no me atrajo lectores, simpatías ni amigos, sobre todo teniendo en cuenta que el mundo de la lumpenescritura se basa en el yo-te-leo-si-tú-me-lees, pero a ella he permanecido fiel desde que empecé a empuñar el bolígrafo. No existe otra alternativa, porque si lees mucho más a tus conocidos amateurs que a Dostoyevski, por fuerza tus escritos acabarán pareciéndose más a los de tus conocidos que a los de Dostoyevski.

domingo, 17 de agosto de 2025


EL MOLDE te premia y te mata. El escritor tiene que acertar en su distancia, porque de tanto insistir en la misma acabas confundida en ella. Quien apuesta por el género más corto e ingenioso, el aforismo, comienza a ser inservible para otros géneros más largos, que necesitan trenzas de personajes, bosques de ideas enlazadas y ritmos más largos. Quien lo apuesta todo al aforismo puede hacer como mucho géneros cercanos como el fragmento, el poema, el haiku, el artículo, el microcuento o el diario.

viernes, 15 de agosto de 2025


EL EGOAUTOR permanece vivo mientras no se acepta. Mi capacidad de egoescribir depende de seguir creando nuevas dialécticas contra mí misma. Mientras conserve el deseo de perfeccionarme y me siga decepcionando ante mis sucesivos fracasos, mi temperatura confesional está a salvo. Cuando en cambio mi primate se muera y mi cerebro comience a oler a serenidad y autocontrol, tendré que celebrarme un funeral y dedicarme a otros géneros de la literatura.


CUÁNTA CALIDAD que atribuimos al poeta pertenece en parte a la composición. El 90% de los poemas buenos de Blas de Otero son sonetos; quizá el 80% de los de Lope y Quevedo. Si el soneto fuera una persona y pudiera pedir derechos de copyright a cada poeta, por fuerza tendría que ser multimillonario.


MI LUCHA de años contra la inteligentsia poética consiste en abogar por una poesía rítmica pero no fonética. La razón de que el 80% de la tradición española sea una completa engañifa (todo el garcilasismo, el gongorismo, el modernismo y el 27), un fardo de poemas nulos, cursilindos o artificiales, que para leerlos hay que quitarles primero el plástico, es que teniendo como tiene el poeta un idioma áspero, duro (nosotros no escribimos en francés ni en inglés), los autores se empecinan contra natura en el logrado fonético, para lo cual escriben en un idiolecto fingido que genera poemas muertos, sin verdad, que no guardan ningún contacto con lo real. Para comprender cabalmente lo que digo compárense los tabiques de la poesía española con los de un idioma similar, el italiano: ¡cuán amplia y real y más cercana es la tradición de la poesía en italiano, precisamente porque ellos no se han rendido a los soniditos!


...y cuando hablo de soniditos me refiero al diminutivo exactamente: ¡si la poesía española se hubiera entregado al menos a los sonidazos de lo fuerte y poderoso, a la leona, al trueno, a lo marítimo, y no al lindosonar de lo fino o delicado que desemboca enseguida en boberías y pamplinas! Basta pasar una hora con Pessoa o Kavafis o Sharon Olds y te lees más poemas buenos que los que ha producido España en toda su historia.


CREO QUE el estado psicológico ideal para escribir es el de una ligera infelicidad que te mantenga crítica y alerta, conectada por igual con el mundo cercano de las personas concretas y con el lejano de las preguntas y las abstracciones. Una pequeña infelicidad mantiene tu mente cruda y desrromantizada, muy ligada a lo verdadero, más entrenada en mirar el envés y las notas a pie de página que las grandes portadas. Subrayo que debe ser pequeña o manejable, porque la demasiada infelicidad me parece mala en todos los casos, a pesar de lo que dicen los gurúes de la voluntad, porque los daños grandes luego son muy difíciles de remontar sin traducirse en traumas o rencores que arrastras el resto de tu existencia. La mucha infelicidad además reduce la esperanza de vida del escritor, esto es, la esperanza de escritura.


miércoles, 13 de agosto de 2025


Ramón Eder: "Los mejores aforismos suelen tener siete palabras"; Gesualdo Bufalino: “Un aforisma benfatto sta tutto in otto parole [Un aforismo bien hecho consta de ocho palabras]”. Obsérvese que ambos autores cumplen con lo que predican en su aforismo: el que sugiere siete nos lo dice en siete palabras y el que aboga por ocho nos lo escribe en ocho.

domingo, 6 de abril de 2025


EL POEMA es un estado físico. El estado físico ideal consiste en sentir el objeto del poema lo bastante cerca como para que te surja un ritmo y contorno precisos, ajustados, y lo bastante lejos como para desrrealizar y trascender la materia sin dejarse quemar por ella.

Por un idioma con melena de caballo

LENTO DE verdad qué lento es el español qué lento, Manrique es lento, Fray Luis es lento, no tiene bayas ni uvas ni cerezas, le faltan nubes y navajas y ardillas de nueve colas, Borges es lento, Huidobro es lento, las palabras son gordas y pesadas, parecen cactus con las espinas llenas de plomo, parecen sombreros y lunes y morsas y solo Quevedo, solo Neruda me ha enseñado algo, solo Almafuerte me ha enseñado algo, con este idioma no puedo hacer carreras, con esta arcilla no puedo esculpir Aquiles, con estos ladrillos no puedo levantar velódromos, Lorca es lento, Machado es lento, el español tiene bocio y papada, le falta liebre, le falta lamborghini, no sabe lo que es lanzar aceitunas contra los escaparates, no sabe lo que es huir de la policía con nueve naranjas en el aire, Varela es lenta, Pizarnik es lenta, quiero una lengua con melena de caballo, quiero una lengua que llene mis bolsillos de gacelas, quiero que el español se ponga en los tacos de salida, Darío es lento, Vilariño es lenta, necesito un idioma que supere a Stoner en el sacacorchos de Laguna Seca, necesito un idioma que se mueva como Jennifer López en la alfombra roja, Cernuda es lento, Juan Ramón es lento, conmigo el idioma se pondrá las zapatillas olímpicas, conmigo el idioma vivirá en las pistas de Jamaica: conmigo el español tendrá que aprender a correr.

miércoles, 27 de noviembre de 2024


NO IMPORTA que el poeta se repita, porque al poema lo salva la carrocería: el propio Lope gustaba de hacer series de tres poemas sobre el mismo asunto y siempre lograba que uno del trío destacara sobre los otros. Yo tengo poemas muy malos con motor muy bueno que siguen esperando a que me visite el milagro físico (ese momento en que tu cuerpo está poroso, intenso, muy concentrado, al que llamamos inspiración) para encontrar su carrocería adecuada, que es todo el poema.

EL PROBLEMA endémico de la poesía en español es el idioma, que es duro, áspero, tan poco maleable que el 95% de la tradición consta de poetas que escriben contra el idioma, que se inventan un idiolecto lleno de palabras y usos que nunca verás utilizar en la calle o en tu casa: no es casual que Lorca tuviera que cumplir 30 años para atreverse a escribir "barro" en vez de "limo", o que Jorge Guillén se pasara un mes completo pensando en si debía introducir la palabra "nieto" en sus poemas (le parecía demasiado prosaico). Cuando los poetas "abrazan" el idioma, caso de Parra, Lizano, Fuertes o Celaya, el resultado queda chabacano; cuando escriben en contra, en cambio, el resultado es perfecto pero artificial. En el idioma inglés no sucede eso; la tradición coloquial anglosajona es mucho más larga y "suena bien", porque el idioma inglés es más propicio y musical, tiene una gran cantidad de palabras-palillo, llenas de esguinces o diptongos, frente a la cantidad de palabras-cascote del español. ¿Cómo es que los ingleses ya escribían en coloquial con Wordsworth y en cambio los españoles no descubren este registro hasta 1947 con el Celaya de Tranquilamente hablando? La respuesta la encuentro en el instinto de sonido de los poetas en español, que rechazan escribir en coloquial porque el idioma que hablan nuestros padres les hace daño a los oídos. La solución a este callejón sin salida no la veo clara y urge encontrarla, porque condena a la poesía en castellano a producir poetas bonitos y de plástico en lugar de feroces y de carne y hueso, que además, cuando surgen, son de una ordinariez desoladora.

QUE LO mejor que haya escrito en mi vida sean los poemas de amor a Iratxe y Natalia, que los escribí casi como en broma, y que en cambio la obra política donde lo di todo se me haga hoy insufrible, es algo que me desazona. Quizá el problema sea que uno escribe rígido cuando escribe en político y en cambio se relaja cuando escribe de amor. Hace tiempo leí este texto de Konrad Lorenz que va en ese sentido:
Una y otra vez me ha conmovido profundamente constatar que el pájaro cantor logra su máximo rendimiento artístico en la misma situación biológica y en el mismo estado de ánimo que el ser humano, a saber, cuando produce juguetonamente y, por decirlo así, alejado de la seriedad de la vida.



EL PROBLEMA endémico de la poesía es lo blando, lo cursi, lo inocuo. El mismo sonido de la palabra, poesía, nunca me ha gustado, porque predispone a decir cosas formales o bonitas en vez de profundas o tremendas. Aquí no existen más que dos caminos: o aceptas la belleza reglamentaria o escribes contra ella. Un poeta antibelleza debe tener en el frontispicio de su mente la siguiente máxima: “NUNCA ESCRIBIRÉ UN POEMA QUE LE PUEDA GUSTAR A MI MADRE”.

EJERCICIO para un futuro taller de juglaría neorrabiosa. Escribir sobre cualquier tema, por ejemplo los saltamontes, a) primero a favor de los saltamontes b) después en contra de los saltamontes y c) finalmente ni a favor ni en contra sino buscando el equilibrio. El ejercicio está pensado para aproximarse al tipo de talento de cada alumno, si satírico, celebratorio o argumentativo.



EL POETA es sobre todo un palabrista, un experto en palabras, y lo segundo un antropólogo, alguien que quiere devolver al atleta a los tacos de salida. Estas religiones que seguís, dice el poeta, solo son religiones de ahora; estos países por los que pretendéis matar, son países de doscientos años; esta estructura familiar, es una estructura moderna; estas maneras de vestir, tienen treinta años. El poeta siempre busca a la persona detrás de sus últimos disfraces porque él mismo es un experto en disfraces, después de que se pasó su niñez y adolescencia probándose todos.


martes, 26 de noviembre de 2024


ES PROPIO de la literatura culta del siglo XX evitar las conclusiones, el remate final, mucho más la moraleja, y dejar abierto el relato, la novela o el poema. Pero este procedimiento es contrario a nuestra realidad más patética, que nos indica que los seres vivos nacemos, nos desarrollamos y morimos, poniéndose a favor de los autores antiguos del planteamiento-nudo-desenlace. Con razón Unamuno y Canetti se oponían a la muerte: ella es la que garantiza que el círculo siempre fracase ante la línea recta.



CASI ES una ventaja que haya poetas que digan que no les gusta leer “para no ser influenciados”, o que añadan a continuación que ellos escriben con el corazón o “con los huevos”, porque así te ahorras tener que leerlos. Ello no quiere decir que no considere importante la naturalidad o la verdad o la intensidad en el poema: precisamente porque las considero muy importantes, sé que son también cuestiones técnicas que se resuelven mejor cuanto más lecturas tenga el poeta y mayor dominio del lenguaje demuestre. No niego que no se puedan escribir buenos poemas siendo un ingenio lego, porque las facultades creativas o imaginativas muchas veces se bastan, al menos en este género; pero cuánto mejores serían esos poemas si vinieran acompañados de la maestría compositiva. A este respecto, me gusta recordar una anécdota de César Vallejo, que me parece el poeta más natural, más tierno, más silvestre del idioma, aquel que conservó el niño desde el primero al último de sus versos. Cuando Vallejo murió, en 1938, se encontraron en los bolsillos de su gabán unos papeles donde no había más que series de palabras. Al parecer, el poeta más humano del idioma, a la hora de abordar un poema, no se lanzaba de cabeza como se lanza Phelps a la piscina, sino que comenzaba a recopilar palabras, a hacer listas de palabras que le podían venir bien para esa nueva composición. Que sí, que claro que existe la inspiración o ese algo no mensurable que provoca que unos poemas te salgan mejor que otros, pero Vallejo no lo fiaba todo a la inspiración, tampoco al corazón ni a los huevos, sino que debía pensar que la humanidad en el poema, en un porcentaje altísimo, se debe abordar como un problema técnico.