LA FALTA de honestidad con que cierto poeta suele tratar a los científicos (todos mentes cuadradas, robots sin alma, etc), a los filósofos (máquinas de pensar, incapaces de fantasía…), a los políticos (astutos, sedientos de poder) o a las personas normales (incapaces de abstracción, de sueños cortos y burgueses), es un argumento contra él, pues necesita crear un nosotros excluyente para singularizarse y componer posturas ante el espejo.